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martes, 4 de noviembre de 2014

Fin del partido

Un cuento por Víctor Álex Hernández


Fotografía: Enrique Saldivar Licencia: Creative Commons



La última noche que vi a padre fue justo la víspera de mi decimoquinto cumpleaños. Estaba yo en el salón, jugando con Lucy, mientras él y mamá preparaban la cena. La tele estaba muy alta, y con toda seguridad nos hubieran ordenado bajarla si no fuera porque la puerta de la cocina estaba cerrada. Así que la partida de cartas se alargó más de lo habitual, con el sonido de fondo de los cañonazos con los que el coyote intentaba una y otra vez alcanzar al correcaminos.


—Me aburre jugar contigo, es la tercera vez que te gano.
—Por favor, vamos a por la última— Imploró Lucy, quien parecía no cansarse nunca de recibir palos.
—Si es que no tiene sentido, no sabes ir de farol, se te ve venir a una legua de distancia.
—Eso es porque me conoces demasiado. En el cole, a Fabiana la he ganado muchas veces, y ella una vez te ganó a ti. Así que no debo ser tan mala.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Cuando el despertador suena

Un cuento por Víctor Álex Hernández


Fotografía: José de Haro 
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Me desmoroné. La oscuridad se compuso sobre mi ser. Era incapaz de ejercer la fuerza suficiente como para levantar mis párpados. La noche aún era presente y por mucho que mi pensamiento tuviera la certeza de que hacía ya unas horas el sol se habría despegado de la línea del horizonte, y sus rayos penetrado sin compasión a través de mi ventana, no existía claridad alguna que pudiera iluminar mi porvenir. No sentía ningún tipo de dolor físico pero mi espíritu agonizaba perdido en la penumbra. Pude, a duras penas, tragar saliva. En mi boca había dos cuerpos extraños que al tacto con la lengua me recordaban lo mucho que había perdido con aquel golpe. Tan sólo quise ser yo misma, decirle que no le pertenecía, que yo era dueña de mis decisiones y esclava de mis errores, pero nunca más prisionera de su voluntad. A cambio de mi osadía recibí mi golpe de gracia. Y en ese instante, deseando con impotencia poder ver la luz del día, los recuerdos comenzaron de nuevo a torturarme.

miércoles, 30 de octubre de 2013

El hombre bueno y su Ventura

Un cuento por Víctor Álex Hernández


Fotografía: José de Haro 
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¡Soy un hombre bueno! Tengo mis fallos, pero les puedo asegurar que soy un hombre bueno. Y no es que lo diga por decir, no. Lo que ocurre es que mi vida ha llegado a un punto en el que observo que determinadas personas no se percatan de lo mucho que tengo que esforzarme para continuar siendo un hombre bueno. Y como consecuencia, la desgracia ha caído sobre mí. ¿Ha tenido usted la sensación alguna vez de que se le juzga sin miramientos y se le condena sin pruebas? Pues eso mismo me ha ocurrido mí de un tiempo a esta parte. Y todo porque un día cometí un pequeño error. A veces miro al cielo pidiendo una explicación de por qué las cosas no salen como deberían de salir, pero claro, enseguida caigo en la cuenta de que con Dios las circunstancias no funcionan así. A él hay que darle las gracias por lo que tenemos y también pedirle perdón por esos fallos que muchas veces no podemos evitar tener. El momento de reclamar explicaciones no llegará nunca, al menos en esta vida. Yo, sin embargo, tengo la tranquilidad de tener preparadas todas las que él me pueda exigir a mí cuando nos veamos las caras. Pocas personas pueden decir lo mismo.